
Pásenle a lo barrido y a lo barrial
Hijo de un luchador. Fan de Extremoduro y de Manic Street Preachers. Adicto a las botas vaqueras. Coleccionista de sombreros vaqueros y cintos piteados. Aficionado al jazz, vago y autodidacto. He trabajado como despachador de pollo frito, chalán de frutería, fabricante de jocoque casero, lavaplatos en una pozolería, dependiente en una tienda de discos, bodeguero de panadería y vendedor de cerveza en el estadio Corona.
martes, 12 de mayo de 2009
miércoles, 29 de abril de 2009
lunes, 27 de abril de 2009
martes, 14 de abril de 2009
lunes, 13 de abril de 2009
Muestra narrativa coahuilense

Revista Punto de Partida de la UNAM N. 154
Siete narradores de Coahuila
Antólogo: Carlos Velázquez
Ilustraciones: José Alfredo Jiménez
Antologados:
Julián Herbert
Alejandro Pérez Cervantes
Carlos Reyes Ávila
Vicente Alfonso
Luis Jorge Boone
Wenceslao Burciaga
Daniel Herrera
en: http://www.puntodepartida.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=765&Itemid=29
viernes, 3 de abril de 2009
miércoles, 1 de abril de 2009
miércoles, 25 de marzo de 2009
martes, 17 de marzo de 2009
jueves, 4 de diciembre de 2008
La antología será convulsiva o no será
Pese a su improcedencia, la antología se ha convertido en el loop de loops de la poesía mexicana contemporánea. El aparato más popular para medir el reitin del devenir poético de la nación. Así lo constata Nosotros que nos queremos tanto, reunión de cabroncetes verificados y por verificar dentro del panorama holográfico de la poetry for the pop generation.
Antes de continuar, permítome elaborar una observación: coincido con Víctor Cabrera que la ausencia de Hernán Bravo Varela es una zancadilla garrafal. Es decir, la no inclusión de Bravo Varela es un pertinente artefacto para medir los riesgos que ha abducido la antología. Traducido lo anterior a un lenguaje futbolero sonaría más o menos así: la falta de prudencia del defensa central al hacerle una entrada fuerte al adversario. La barrida con los tacos por delante sabe que le granjeará la roja, sin embargo no desiste en su empresa con tal de lesionar al delantero. En fin, una vez deglutido el desaguisado, la compilación resulta disfrutable.
Arriba mencioné el socorrido embrutecimiento antológico como vehículo para develar nuestra producción poética. No sé mal entienda, la frase no pretende aforizar sobre la eficacia o ineficacia funcional de las reuniones de autores, me refiero exclusivamente al contexto editorial. En un medio literario, como el mexicano, en el que la publicación de poesía y su consecuente distribución es una práctica inexacta, la antología viene a rellenar ese hueco frecuente creado por, entre otras razones insalvables, los abismos geográficos y de difusión.
Siempre he simpatizado con las antologías porque nunca pasan desapercibidas, ni siquiera en los circuitos más globeros y triciclitos del orbe. Hay antologías que son como un chile relleno de chile. Como los “tacos de nada”, que vendían afuera de la plaza de toros de mi ciudad los domingos de lucha libre. Tacos de pollo fantasma o de espíritu de pollo. Afortunadamente no es el caso. Sin quisquilloceo, puedo afirmar que existe abundante cebolla con queso en el centro de esta enchilada rosa que es Nosotros.
Pero, más pertinaz que acercarnos a lo culinario, la presente congregación nos orilla a la juguetería. No se asuma esto como nota informativa degenerativa. No hablo de una impronta infantilista. Mi concepción se relaciona con términos de aparador. Sólo en el escaparate de Woolwoort se observa a artefactos tan disímiles cohabitar en una misma oferta. Lo que nos empuja a cuestionarnos por el carácter de selección para determinar a los antologazos. Existen aquí poetas que de ninguna forma se justificaría su ausencia, pero también hay otros que podrían ser fácilmente intercambiables. Sí, antes que otra cosa, Nosostros es un juego de Lego.
Considero coolmente que el campechaneo de elegidos obedece al carácter de la poesía actual mexicana. Una poesía en constante step by step codificante. Una poïesis que aboga por el Vale más una antología en mano que ciento volando. Aceptémoslo, en esta cancha, la antología siempre toca el balón. Mientras gran parte de la producción poética del país pervive almacenada en polvosas y húmedas bóvedas, como películas de terror en formato de carrete, la antología da cuenta, a veces clara, por qué no decirlo, de los penaltis, las amarillas y los corners de nuestro corpus mitad Hulk mitad David Banner.
Al principio, invoqué el referente de Víctor Cabrera para evidenciar una no presencia. Anexo otra: Luis Jorge Boone. Aunque las ausencias incomodan, agrada el carácter no totalitario de Nosostros. Las antologías que siempre lo pretenden todo o las que no consiguen nada siempre terminan por caer gordas. Tampoco voy a decir que una antología exitosa es aquella que nos defrauda. Una antología debe ser convulsa. En un mismo espacio deben confluir poetas a los que quieras tanto y otros a los que odies mucho. Es la ley natural de las antologías, lo vi en el Discovery Channel.
Nosostros no es un texto que nos representa, ni aspira a hacerlo, pero tampoco nos desdice. Alcanza a reflejar la condición imperante de los actores de nuestra poesía. Una constante rain dog (Tom Waits dixit). ¿Recuerdan la fábula de los rain dogs ? En su disco del mismo nombre y en la canción homónima, Waits relata la historia de los perros de la lluvia o perros mojados. Todos los perros poseen un sistema para regresar a casa, olfatean sus orines y las pistas los conduce a sus hogares. El problema se presenta cuando llueve, el agua deslava los señuelos y se ven imposibilitados para recobrar el camino de vuelta y se pierden.
De la misma forma, Nosostros nos plantea la extravagancia de un improbable retorno. ¿Hacia qué, hacia dónde? ¿Un no regreso a la tradición? Posiblemente. Puede ser, pues la presente producción poética mexicana no ha forjado ninguna tradición. A lo mucho un puñado de malditos rain dogs que luchan perdurablemente por volver a casa. Algunos lo conseguirán, otros no. Unos ni casa han tenido. Pero al final, todos se preguntarán si habrá valido la pena dejar algunas heces indicativas de su tránsito. Yo creo que sí. De algo sirve rezarle a la virgen.
Antes de continuar, permítome elaborar una observación: coincido con Víctor Cabrera que la ausencia de Hernán Bravo Varela es una zancadilla garrafal. Es decir, la no inclusión de Bravo Varela es un pertinente artefacto para medir los riesgos que ha abducido la antología. Traducido lo anterior a un lenguaje futbolero sonaría más o menos así: la falta de prudencia del defensa central al hacerle una entrada fuerte al adversario. La barrida con los tacos por delante sabe que le granjeará la roja, sin embargo no desiste en su empresa con tal de lesionar al delantero. En fin, una vez deglutido el desaguisado, la compilación resulta disfrutable.
Arriba mencioné el socorrido embrutecimiento antológico como vehículo para develar nuestra producción poética. No sé mal entienda, la frase no pretende aforizar sobre la eficacia o ineficacia funcional de las reuniones de autores, me refiero exclusivamente al contexto editorial. En un medio literario, como el mexicano, en el que la publicación de poesía y su consecuente distribución es una práctica inexacta, la antología viene a rellenar ese hueco frecuente creado por, entre otras razones insalvables, los abismos geográficos y de difusión.
Siempre he simpatizado con las antologías porque nunca pasan desapercibidas, ni siquiera en los circuitos más globeros y triciclitos del orbe. Hay antologías que son como un chile relleno de chile. Como los “tacos de nada”, que vendían afuera de la plaza de toros de mi ciudad los domingos de lucha libre. Tacos de pollo fantasma o de espíritu de pollo. Afortunadamente no es el caso. Sin quisquilloceo, puedo afirmar que existe abundante cebolla con queso en el centro de esta enchilada rosa que es Nosotros.
Pero, más pertinaz que acercarnos a lo culinario, la presente congregación nos orilla a la juguetería. No se asuma esto como nota informativa degenerativa. No hablo de una impronta infantilista. Mi concepción se relaciona con términos de aparador. Sólo en el escaparate de Woolwoort se observa a artefactos tan disímiles cohabitar en una misma oferta. Lo que nos empuja a cuestionarnos por el carácter de selección para determinar a los antologazos. Existen aquí poetas que de ninguna forma se justificaría su ausencia, pero también hay otros que podrían ser fácilmente intercambiables. Sí, antes que otra cosa, Nosostros es un juego de Lego.
Considero coolmente que el campechaneo de elegidos obedece al carácter de la poesía actual mexicana. Una poesía en constante step by step codificante. Una poïesis que aboga por el Vale más una antología en mano que ciento volando. Aceptémoslo, en esta cancha, la antología siempre toca el balón. Mientras gran parte de la producción poética del país pervive almacenada en polvosas y húmedas bóvedas, como películas de terror en formato de carrete, la antología da cuenta, a veces clara, por qué no decirlo, de los penaltis, las amarillas y los corners de nuestro corpus mitad Hulk mitad David Banner.
Al principio, invoqué el referente de Víctor Cabrera para evidenciar una no presencia. Anexo otra: Luis Jorge Boone. Aunque las ausencias incomodan, agrada el carácter no totalitario de Nosostros. Las antologías que siempre lo pretenden todo o las que no consiguen nada siempre terminan por caer gordas. Tampoco voy a decir que una antología exitosa es aquella que nos defrauda. Una antología debe ser convulsa. En un mismo espacio deben confluir poetas a los que quieras tanto y otros a los que odies mucho. Es la ley natural de las antologías, lo vi en el Discovery Channel.
Nosostros no es un texto que nos representa, ni aspira a hacerlo, pero tampoco nos desdice. Alcanza a reflejar la condición imperante de los actores de nuestra poesía. Una constante rain dog (Tom Waits dixit). ¿Recuerdan la fábula de los rain dogs ? En su disco del mismo nombre y en la canción homónima, Waits relata la historia de los perros de la lluvia o perros mojados. Todos los perros poseen un sistema para regresar a casa, olfatean sus orines y las pistas los conduce a sus hogares. El problema se presenta cuando llueve, el agua deslava los señuelos y se ven imposibilitados para recobrar el camino de vuelta y se pierden.
De la misma forma, Nosostros nos plantea la extravagancia de un improbable retorno. ¿Hacia qué, hacia dónde? ¿Un no regreso a la tradición? Posiblemente. Puede ser, pues la presente producción poética mexicana no ha forjado ninguna tradición. A lo mucho un puñado de malditos rain dogs que luchan perdurablemente por volver a casa. Algunos lo conseguirán, otros no. Unos ni casa han tenido. Pero al final, todos se preguntarán si habrá valido la pena dejar algunas heces indicativas de su tránsito. Yo creo que sí. De algo sirve rezarle a la virgen.
domingo, 23 de noviembre de 2008
Las décadas ambiciosas de un operario de whiskey desbocado
Tom Waits, el poeta de Sebastopól, el poeta del crack of dawn, por fin ha dejado de ser huérfano de bibliografía en español. Innocent when you dream es el título original del libro editado por Global Rhythm como Tom Waits. Conversaciones, entrevistas y opiniones (2008). Como el subtítulo lo indica, se trata de una miscelánea textual a propósito del último poeta maldito. Aunque lo óptimo sería una autobiografía salida directamente de las manos del propio Waits, o en su defecto un relato narrativo de vida cronológico y exhaustivo escrito por algún atacado de su obra, el presente material refleja a la perfección el carácter fragmentario y polifacético del cantante, pianista, jazz man contemporizador, baladista, relator de historias.
El trasunto se divide en tres apartados: “Un parte meteorológico emocional”, “Un jinete lleno de bourbon” y “Ahora vente a casa”. Cada uno corresponde a sus periodos discográficos para Asylum, Island y Epitaph respectivamente. Recopilado por Mac Montandon, el trabajo reúne testimonios de autoridades del mundo de la cultura. David Fricke, reputado crítico musical, arroja su visión sobre el entramado Waits. El venerado director de cine de culto Jim Jarsmuch, que en sus proyectos ha incluido a Tom como actor y cantante, presenta una entrevista. El fenómeno del teatro experimental Robert Wilson y Elvis Costello también aportan comentarios. Sin olvidar el prólogo de Frank Black, líder de The pixies. La lista de celebridades incluida en el proyecto arroja pistas sobre la dimensión de la estatura de Waits. Equiparable a figuras de la talla de Leonard Cohen, Bob Dylan o Lou Reed.
Si bien Tom no es un personaje familiar a México, aquí sigue siendo under, México sí es cercano a Waits. Baste mencionar sus expediciones a Tijuana y el mariachismo de clóset de los metales de algunas de sus canciones como “Way down to the hole” o “Hang on St. Christopher”, para confirmarlo. Las conversaciones, entrevistas y opiniones vertidas en el libro, funcionan como una guía ideal para el neófito en la obra del nativo de Pomona, California, que además se declara habitual de Los Ángeles por elección personal. Contiene la discografía completa y algunos de las reflexiones más mordaces del pensamiento actual.
Entre las linduras que salen de la boca de Waits destacan varias en la primera parte, la que se refiere a sus años de juventud. Hacia 1978, con cinco discos bajo el brazo, declaró a Creem, la prestigiosa revista del controversial Lester Bangs: “La gente que no puede con las drogas se entrega a la realidad”. Durante esa época Tom detestaba el bluegrass mal tocado. Pero sólo una cosa detestaba aún más, y eso era el bluegrass bien ejecutado. Y no deja de advertir: “Cuidado con las chicas de dieciséis años que visten pantalones campana y se han escapado de casa llevando un montón de discos de Blue Oyster Cult bajo el brazo”.
Tiempos en que era telonero de Frank Zappa. Por sus palabras nos enteramos que dos de sus escritores favoritos son Jack Kerouac y Charles Bukowski. Su disco preferido es Kerouac-Allen. Revela que comenzó a escribir en paredes de baños públicos. Lo anterior, sumado a la fascinación por Ray Charles, definió el estilo de sus primeros discos: un vagabundo que apesta a cerveza frente al micro, que ataca el piano en una atmósfera de bar de mala muerte poblado por fumadores empedernidos, mientras con voz ronca canta poemas beat sobre huevos a medio freír y aventuras de esperpentos venidos del frío.
La primera transformación: del motor V-8 al convertidor catalítico
En sus años de aprendizaje, Tom fue recogiendo bártulos en el camino, se casó, cambió de disquera y evolucionó su sonido. Sus dos últimos trabajos para Asylum, Blue Valentine (1978) y Heartattack and vine (1980), si bien conservaban la aventura jazzy, el spoken word y el blues, mostraron una impronta rock. Sello que sería determinante en sus nuevas experimentaciones musicales.
La trilogía formada por Swordfishtrombones (1983), Rain dogs (1985) y Frank’s wild years (1987), lo convirtieron en una leyenda viviente. Habituado a crear personajes, Waits pasa del fugitivo de la justicia al operachi romántico, al predicador, al jinete negro. Se rodea de músicos de la vanguardia newyorkina como Marc Ribot, o de respetables veteranos como Larry Taylor o Greg Cohen. Tiempo después, participarían en sus grabaciones Flea, Les Claypool, Charlie Musselwhite, John Hammond, Keith Richards de los Rolling Stones, David Hidalgo de Los Lobos.
El transito por el jazz, el blues y el rock protopunk llevaron a Waits a convertirse en un indiscutible del pop original. Los 80’s y 90’s fueron décadas afortunadas. Ya nada lo detuvo. Recogió de todo en su trabajo: country, punk, grunge. Su voz, antes aturdida por el abuso de tabaco y whiskey, ahora se ha vuelto más gutural y cavernosa, como si llevara cien años anunciando las propiedades de algún tónico inútil en los poblados olvidados de Texas. Nada ha cambiado, Tom sigue a pie por Los Ángeles, pero amenaza con mudarse: “Quizá acabemos en Missouri. Quiero un lugar donde pueda plantar rosales. Sentarme en el porche con una escopeta y quedarme con todas las pelotas que pierden los niños. Enloquecer. No las lancen a mi jardín”.
Se refiere a su carrera como a un perro: “A veces viene cuando lo llamas. A veces se te sube en el regazo. A veces rueda por el suelo. A veces no hay forma de que haga nada”. Y así, montado en el éxito y afincado en New York, se precipita hacia el 2000.
Una metamorfosis kafkiana si Kafka hubiera sido un Nelson Algren indi
La última parte del libro arranca con la publicación de Mule variations, que según David Fricke es la obra maestra de Waits, en el sello indi Epitaph. Su antecesor, Bone machine, ganador del Grammy, apareció en 1992, siete años antes. Así que su regreso fue tomado por la crítica y el público como una resurrección neón. Por fin se ha mudado de vuelta a California, a Santa Rosa, a 110 millas de san Francisco, y sigue preguntándose si “habrá night-clubs en el cielo”.
Vertiginoso, recorre el nuevo milenio. Cada nuevo álbum es saludado por la crítica como un acontecimiento sin precedentes. Ven la luz Alice y Blood Money (2002). Seguidos por Real gone (2004), y en 2006, un álbum triple con más de cincuenta canciones, hasta ahora el proyecto más ambicioso de Tom Waits: Orphans: Brawlers, Bawlers & Bastards. El sonido del Waits de Epitaph es cada vez más imbricado. Su pasión por percutir martillos, cubos, tubos en superficies diversas, se vuelve más obsesiva. Filtra su voz, como si no hubiera ya suficientes efectos en ella. Es como un Kafka que en lugar de aprovecharse de su fama y dirigirse hacia el gran público, se repegara más en su propio Proceso.
Tres décadas es demasiado tiempo para resumirse en 375 páginas, sobre todo para una discografía prolífica hecha por un Tom que alternaba sus primeras inclusiones en el show bisnes con trabajos diversos, como cocinero, taxista, despachador de gasolina, sacaborrachos, lavaplatos o mesero. Un Waits que a últimas fechas es aficionado a los libros de medicina. Sin embargo, el lector y el quisquilloso iniciado se verán recompensado por el humor inteligente e hilarante de Tom Waits, esparcido por todo el libro como miel de maple sobre hot cakes rancios, que ante tanta insistencia sobre el por qué de su profesión, sólo alcanza a responder: “tenía que elegir entre el mundo del espectáculo o una carrera en la refrigeración y el aire acondicionado”.
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