Pásenle a lo barrido y a lo barrial

Hijo de un luchador. Fan de Extremoduro y de Manic Street Preachers. Adicto a las botas vaqueras. Coleccionista de sombreros vaqueros y cintos piteados. Aficionado al jazz, vago y autodidacto. He trabajado como despachador de pollo frito, chalán de frutería, fabricante de jocoque casero, lavaplatos en una pozolería, dependiente en una tienda de discos, bodeguero de panadería y vendedor de cerveza en el estadio Corona.

lunes, 6 de octubre de 2008

Apuntes para una nueva teoría del exilio en correspondencia con "Apuntes para una teoría del expulsado"


(relato)
Witold Gombrowicz es el tipo de escritor del que opinarías que cualquiera de sus obras es su mejor obra. Incluso un texto “menor” como Contra los poetas, dimensionado desprejuiciadamente, puede ser considerado la cumbre de la producción gombrowicziana. ¿Qué nos depara el exilio? ¿La explicación del ser nacional? ¿Acaso lo más valioso de la hermenéutica gombrowicz se encuentra en los prólogos del mismo autor hacia sus trabajos?

Este afán explicativo, un ejemplo celebre son las palabras de James Joyce a propósito de Ulises*, sólo demuestra que cifrar la obra es elegir el exilio. En el caso de Witold, ¿cómo se elige el exilio, cuando se es condenado a vivirlo forzosamente? Al igual que Ulises, Trans- Atlántico de Gombrowicz planeta una dislocación ideológica. Los ejercicios literarios per se, se plantean como una delación, no como una codificación irresuelta.

Luego se habla de fracaso. Visto desde cualquier ángulo, un producto literario que “necesita” del esclarecimiento de su autor es calificado como un fracaso. El lugar común La obra se debe defender sola se impone. ¿Es Witold un fracasado? ¿Quién dijo que buscaba el triunfo? ¿Que se asumía exitoso? ¿Que su escritura estaba planteada para no defraudar?

La dislocación ideológica en Gombrowicz es más perversa que en Joyce. Mientras el irlandés se burla al declarar su taimada empresa, el polaco se burla doblemente al revelar en sus prólogos los alicientes que impulsan su literatura. Para al final descubrir que ambos casos, el secreto o la revelación no desmitifican nada. El exilio permanece.

¿Son los prólogos-argumentos-ensayos a su propio quehacer una manera de refrendar el exilio? No debe observarse a Gombrowicz como un terrorista. Su figura no puede inspirarnos otra cosa que el retrato de un ambicioso traidor. Al preservarse en el exilio, al ejemplificar un diálogo sin receptor inmediato, en el país que lo alberga, ¿no está traicionando a la maravillosa y gran literatura?

Convengo que en este relato existen demasiadas preguntas. Atendiendo al mismo Witold, acuerdo que las propiedades de un texto se basan únicamente en su multitud de significaciones. Si algunas preguntas no obtienen respuesta, obedece a que el exilio es un desahogo inextricable.

Qué compleja la situación del exiliado. La liberación de la patria reduce su vida a un intento por traducir la angustia idiosincrásica. Aquí su relación con el expulsado. Las coincidencias con John Cheever son ineludibles. La sustracción como un detonante para poner en macha el aparato de lo grotesco. Esgrimido como la incapacidad de ambos autores para renunciar a las empresas monumentales.

Esta obsesión por la edificación se encuentra en Diarios de John Cheever y en Diario de Witold Gombrowicz. No es casualidad que los dos confeccionaran un diario. ¿Qué es la calendarización escritural de los días, entendida como un desfase de la producción “oficial”, sino otra forma, más educada si se quiere, de practicar el exilio?

En “Apuntes para una teoría del expulsado”, prólogo a La Geometría del amor, de John Cheever, Rodrigo Fresán fabula la conversión del Cheever adolescente en el Cheever escritor. La transformación se presenta al ser expulsado de la escuela. Esta acción es determinante en su condición de autor. Si bien Gombrowicz, antes de llegar a Argentina, había publicado Ferdydurke, atraviesa un proceso similar al padecido por el norteamericano. Un expulsado es un exiliado y un exiliado es un expulsado. Deliberadamente o no. Esta cualidad potencializa su preferencia por el grotesco. Grotesco no asumido como gore, desarrollado como extrema crítica del individuo social.

Antes de continuar, aprovecho para proponer la influencia de Witold en el rock. Sin duda, Frank Zappa es el más gombrowicziano de los músicos. La influencia, directa o indirecta, del polaco en el gringo se puede rastrear en tres álbumes, Freak out (1966), Absolutely free (1967) y We’ re only in it for the Money (1968). Dicha trilogía, por su ecuación paródica, satírica, irónica y absurda, atiende a la perfección todos los tópicos que suplementan Trans-Atlántico. Cualidades que no enumera otra cosa que no sea el exilio discográfico.

Trans-Atlántico es, a mi juicio, la mejor obra de Gombrowicz. Pero puede serlo cualquiera, Bakakaï o Pornografía. En lo particular, resalto sus propiedades por sus inherencias plenamente humorísticas. Witold es el más zappiano de los escritores. Estamos ante un trabajo de esos que nos hace exclamar: pura fibra, nada de paja. Un texto que está por cumplir 50 años de haber sido redactado en el 2010.

La asociación de Gombrowicz y Cheever nos lleva a una tercera conexión: Michael Chabon. En su novela Wonder boys, se ejercitan filigranas enteramente cheeverianas y gombrowiczianas. Por una parte, el humor. Se narra la historia del escritor y profesor universitario Tripp, quien sufre el mal de montano (no puede parar de escribir), la extensión de su novela rebasa las mil páginas y no descubre la manera de concluirla. Al final, pierde el manuscrito mecanografiado (del cuál no tiene una sola copia) en un chusco accidente. En el otro extremo se identifica James Leer. Una joven promesa literaria, con graves tendencias mitómanas, alumno de Tripp. Al robar de la casa del decano de la universidad una chaqueta que perteneció a Marylin Monroe, Leer se ubica en la posición de un posible expulsado. Al final, no sucede, en lo que pudo ser un guiño aún más pronunciado a Cheever. Pero, el incidente, el casi exilio que sufre por parte del mundo académico lo convierte en un Autor.

Todo emprendimiento literario es una invectiva del exilio. La consecuencia moral de Trans-Atlántico es que prevaricamos en el exilio. El mismo proceso que atraviesa ese Leer cheeveriano es el mismo que sufre el Cheever gombrowicziano. También es el mismo episodio canallesco, timorato y obtuso que padece el Witold de Trans-Atlántico al enfrentarse a la burocracia polaca afincada en Argentina. Y aún aguarda una referencia más. ¿Qué novela más trans-atlántica que Sueños de Bunker Hill de John Fante?

En Gombrowicz el exilio es subvertido. Subversivo: exilio del exilio. Su retorno a Europa lo confirma. Su muerte en Francia lo hace lapidario. Qué mayor traición no volver a perecer en la patria. La fascinación por el exilio pervive incluso después de la muerte. Ese otro Witold merece ser reunido. Como si se tratara de un póstumo dietario del exilo, todos los prólogos justificativos de su obra escritos por él mismo merecen ser congregados en un solo libro.


Publicado en La cabeza del Moro N. 13, Oct-Dic, 2008


* He puesto tantos enigmas y puzzles que van a mantener ocupados a los catedráticos durante siglos debatiendo sobre lo que yo quería decir, y esta es la única manera de asegurarme la inmortalidad.

2 comentarios:

rogelio garza dijo...

pos no soy catedrático pero sí me dejaste con cara de interrogación.

lo que entiendo es que este señor, a quien no he leído, es como Zappa de la literatura, es así?

saludos

y dónde consigo tu libro? ya ves cómo eres, antes me avisabas y todo. no te vayas a volver rockstar de la culturiux de petatiux...

I. L. dijo...

el primer escrito que leí de gombrowicz fue ese mismo que mencionas: contra los poetas. de ahí en adelante me gustó la poesía, irónicamente. salú!

p.d. qué pedo con el libro?
p.d2. digo, si quieres presentarlo we.